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Europa
vive amenazas enormes para la supervivencia de muchas especies
y sus hábitats. La finalización de la red Natura
2000 y una serie de planes de acción por sectores en
materia de biodiversidad son las piedras angulares del planteamiento
para salvar dichas amenazas. Además, debe prestarse
más atención a la protección del paisaje
de forma más general mediante políticas agrícolas
y regionales.
El
programa también anuncia nuevas iniciativas para proteger
el entorno marino y propuestas para prevenir los accidentes
en los sectores industrial y minero. Una estrategia específica
de protección del suelo abrirá un nuevo campo
de la política medioambiental comunitaria.
En
Europa tenemos una increíble variedad de paisajes,
desde montañas alpinas a bosques, pasando por pantanos.
Todos ellos son el hogar de diferentes especies de flora y
fauna. Pero muchos de esos animales, aves y plantas están
en peligro de extinción. Algunos incluso se han extinguido
ya.
Existen
diez especies en peligro de extinción inminente. Las
diez especies son representativas de la mayor parte de los
hábitats europeos y todas ellas se encuentran entre
la flora y fauna española: lince ibérico, oso
pardo, marsopa común, foca monje, tortuga boba, mejillón
de agua dulce, salmón atlántico, fritilaria
de los pantanos, zapatillo de dama y guión de codornices.
Según
WWF/Adena, todas estas especies son bioindicadoras, y su declive
representa que los espacios naturales que ocupan se encuentran
en regresión. Las causas van desde la contaminación
de las aguas, la fragmentación de espacios, la agricultura
intensiva, la pesca abusiva y las grandes infraestructuras.
Pese
al inminente peligro que se cierne sobre ellas, la Unión
Europea cuenta con leyes y disposiciones suficientes para
su protección. Pero estas leyes no se aplican. Es el
caso de la Directiva de Hábitats que ningún
país europeo ha traspuesto tras cinco años de
retraso. La falta de aplicación de esta normativa también
ha bloqueado la relación de espacios a proteger en
la Red Natura 2000.
Las
listas de esta red deberían haber sido presentadas
hace cinco años. Pero ningún país lo
ha respetado. España, retrasada al igual que sus socios
comunitarios, ha avanzado últimamente en este terreno
y ya tiene destinado el 15% del territorio en 700 puntos distintos.
Pero aún no se hallan protegidos bajo el paraguas de
la ley.
Esta
situación propicia que el lince ibérico, el
felino que corre mayor peligro de extinción en el mundo,
esté en regresión. Su población descendió
a la mitad en los últimos 10 años, y ya sólo
quedan unos 600 ejemplares.
Otro
tanto pasa con el oso pardo, con sólo 70 ejemplares
en la cordillera Cantábrica. La foca monje sólo
pasa ocasionalmente por el litoral español y la marsopa
común es avistada en contadas ocasiones en las Rías
Bajas.
Lo
mismo se puede decir del salmón atlántico, cuyas
poblaciones apenas suben los ríos cantábricos,
cegados por los embalses. La tortuga boba se captura en las
redes. La orquídea zapatito de dama vive recluida en
algunos pastizales del Pirineo, cada vez más agredidos
por un pastoreo excesivo. O el mejillón de agua, escasísimo
molusco privado de la existencia por la contaminación
de las aguas continentales.
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