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Imagine
por unos instantes que alguien se acerca a usted y le mete
un dedo al ojo, después estira su piel como si fuera
un chicle e introduce un dedo largo en los orificios de su
nariz. Estas canalladas y muchas más son las que deben
soportar los perros que caen en manos de ciertos niños
que, dicho sea de paso, son peor que Barrabás. A los
padres corresponde, en este caso, poner fin al martirio.
No
nos cansaremos de decir que los niños que crecen
con un compañero canino mejoran su sentido de la responsabilidad
a la vez que desarrollan un carácter más abierto
y receptivo. Una preciosa afirmación que no siempre
resulta igualmente satisfactoria para los perros. Con mas
frecuencia de la debida, éstos son objetos de bromas
macabras, sufren las barrabasadas que les propinan esos diablillos
bajitos que les han tocado como dueños y...!cuidado!,
que no se atrevan a defenderse, pues serían tachados
de agresivosy, en el peor de los casos, los padres desinformados
considerarían que su Toby puede ser un peligro para
la integridad de su hijo.
"Cuando
un niño maltrata a un perro, es que nadie le ha explicado
que tiene en sus manos a un ser vivo. Por lo general, actúan
así por que lo consideran un juguete, que no siente
ni padece", explica María del Mar Figueroa,
psicóloga y socia del gabinete Andrés Mellado
(Madrid).
Donde
las dan, las toman
La
solución pasa por corregir el error y explicar al pequeño
que a nadie le gusta que lo maltraten. Para que el niño
entienda la gravedad del asunto, es útil que los padres
le gusten una pequeña broma a su hijo. En palabras
de María del Mar Figueroa: "En un momento en
que el niño esté desprevenido, uno de los padres
le dará un pellizco en el trasero. Cuando se queje
la madre irá por detrás y repetirá la
operación. Después, uno de los padres le agarrará
por una mano mientras que el otro lo toma por la otra, como
si disputaran por el. Sobra decir que estos movimientos deben
hacerse muy suavemente, sin dañar en absoluto al niño.Resulta
imprescindible que el perro esté presente, con lo que
se acercará al oír las quejas de su pequeño
amo. Entonces los padres deberán parar y decirle a
su hijo que el animal, a pesar de que recibe un trato poco
respetuoso por su parte, no quiere que a él le hagan
daño". La explicación será cariñosa
y, muy importante, debe pronunciarse mientras se acaricia
al perro.
Cuidado con estos miembros
Las
orejas, el rabo y el hocico son las tres partes del cuerpo
que más daños sufren por parte de los niños.
Y si tenemos en cuenta que tanto el olfato como el oído
son vitales para ellos, comprenderemos por qué les
sienta tan mal que les echen aire sobre la nariz, les agarren
el hocico, alarguen sus orejas hasta el infinito y les metan
pequeños objetos dentro del pabellón auditivo.
No olvidemos que algunas de éstas bromas pueden ser
interpretadas para el perro como un reto. Un aspecto que no
puede pasar ignorado es la necesidad de utilizar un tono de
voz bajo cuando se habla con el perro: su oído es muy
sensible, y si se acostumbra a los gritos, no servirá
utilizar un tono de voz severo cuando haya que corregirle.
Ojo
al dato
Abordando
otro tema de vital importancia y que, generalmente, pasa inadvertido
durante la primera época en la que el niño y
el perro inician su convivencia, es la necesidad de poner
freno a actitudes superprotectoras. Para comprender
de que estamos hablando, reproducimos la carta de Rosa Bueno
(Granada), recibida en la redacción el 23/1/97. "La
complicidad entre mi hijo Luis de cinco años, y el
perro está comenzando a preocuparme. Cada vez que Luis
se comporta mal y le regaño, se tira al suelo y comienza
a gritar. Entonces el perro acude de inmediato y me gruñe.
De esta forma, mi hijo pretende librarse de los azotes..."
Se trata de una situación bastante incómoda,
aunque evitable. Resulta necesario que el niño reciba
una buena reprimenda por su actitud y no se puede permitir
que el animal gruña o se enfrente con algún
miembro de la familia. Al menor signo de rebelión ,
pronunciar un "no" severo y dar un cachete en el
lomo del animal.
Amigos de los animales
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